Tal vez sean
los puñados de corteza que desparramaron los fusiles
o el relieve de una canción en el cilindro del organillo
las escamas que escupió un batallón al morder el bacalao
o las yagas violáceas que deja
la mordedura de las ratas
Veo todo
en el laberinto
desierto siempre desde fuera
pero al hundirme en sus arenas movedizas
no estoy solo
hay otros como perdidos, sofocados
mirando el cielo que devuelve el mismo silencio
a cada pensamiento sobre el porqué.
Cada ciertos pasos nos miramos a los ojos
yo y este ejército de extraños
que se abre paso como un gusano por la linfa
pero el encuentro es breve
y un nuevo epitafio nos borra
el uno del otro.
(Me prometo escribir sobre esto.
La cacería.)
Me siento como una presa ensordecida
cada corredizo podría ocultar mi degolle
y desde afuera del laberinto
sólo desierto
y otro hombre aullando, pensando
qué ocultarán estas piedras
los trozos de las costras resecas
que deja el hambre
los grumos de sal mezclados
con el barro (/la sangre)
la sangre yugular
de un conejillo con la pata rota.
Me prometo escribir sobre esto
mientras poso ambas manos sobre la piedra
¿que no es acaso
el roquerío que anticipa al cochallullo
la ladera descascarada por los espinos
la fosa común donde durmieron
los abuelos de Chile
mientras con una mano acariciaban la piedra oscura
y con la otra
nos pedían perdón?
- Berlín, 21/V/2019
Mis amigos.
Hace 5 años
